La dependencia de los niños a las pantallas

LA DEPENDENCIA DE LOS NIÑOS A LAS PANTALLAS escrito por Pilar Rubert Saura, coordinadora de XiCaEs

La tecnología ha invadido nuestras vidas hasta el punto que dependemos de ella para muchas de nuestras actividades cotidianas. Esta tendencia se ha trasladado a los más pequeños, que se pueden decir que ya nacen con un móvil debajo del brazo.

La tecnología fascina a los niños. Los brillos los colores llamativos y la gratificación inmediata de la mayoría de las apps y videojuegos, son estímulos adictivos contra los que resulta difícil luchar. Aunque los adultos también tenemos que entonar el “mea culpa”, pues puede que durante los últimos años, hayamos dejado que la tecnología cuide a los más pequeños como un canguro. Este efecto se denomina la tendencia canguro de las nuevas tecnologías, donde dejamos que las pantallas se hagan cargo de los berrinches de nuestros hijos.

Fomentar el uso de las pantallas como entretenimiento pasivo, puede acabar recortando otro tipo de tiempo de ocio activo como jugar o correr, llevando al sedentarismo y aislamiento. El tiempo de ocio activo debería ser el que más tiempo ocupe en las agendas de nuestros hijos/as.

Los menores de 36 meses son los más vulnerables a este tiempo en red, ya que se encuentran en un momento en el que la interacción con los adultos es determinante para su correcto desarrollo, no se puede perder la interacción con los demás mientras se está pendiente de las pantallas. Es importante vigilar no sólo el tiempo de exposición, sino también los contenidos y con quien se comparten.

Las dificultades para poner límites cada vez crecen más y provocan muchas discusiones en los hogares. Limitar el tiempo de uso es clave a la hora de exponer a los niños/as a las pantallas. Pasar más tiempo de lo normal frente a las pantallas hace que se desarrollen una serie de comportamientos y/o conductas que terminan incidiendo en forma negativa en el día a día:

  • Irritabilidad: consecuencia directa de pasar demasiado tiempo frente a una pantalla y no descansar de manera adecuada.
  • Enfado e ira: suele producirse cuando se les limita su tiempo o se les retira el móvil u otra pantalla.
  • Aislamiento social: al pasar horas y horas frente a una pantalla el menor o el joven tiende a aislarse socialmente.
  • Problemas relacionados con el sueño: el joven o menor tiene serias dificultades a la hora de dormir de manera adecuada y conciliar el sueño. Es habitual que los adolescentes sufran de insomnio, sobre todo a raíz de pasar horas y horas frente a pantallas de todo tipo.
  • Desinterés en la vida real: las pantallas muestran una realidad perfecta en base al gusto de cada usuario, por lo que el uso excesivo genera insatisfacción, inconformismo e intolerancia a la imperfección, llegando a repercutir en sus relaciones interpersonales.

No se trata de estigmatizar las pantallas. La tecnología puede ser muy útil. Nos ayuda en nuestro trabajo, a estar en contacto con los familiares o amigos que viven lejos y, resulta una excelente herramienta educativa y de ocio. El problema aparece cuando se convierte en una herramienta única y no planteamos otras alternativas. No podemos renegar de ella, pero tampoco podemos abusar. Hay que realizar un uso ponderado y responsable.

Tampoco sirve de nada que queramos desenganchar a nuestros hijos/as de las pantallas, si ellos ven que pasamos todo el día pegados al móvil y no dejamos de consultarlo ni en momentos de ocio. El primer paso para que ellos dejen de abusar de las pantallas es que vean en los adultos referentes un ejemplo saludable de su uso.

También podemos:

  • Acordar un tiempo de uso: no se trata de prohibirlas, si no de establecer horarios de pantalla y hacer rutinas del uso de cada herramienta.
  • Crear nuevas rutinas y costumbres: decretar espacios y horas del día como libres de pantallas. Aprovechar esos momentos para hablar sobre temas de interés, sobre la familia, contar anécdotas, planificar salidas juntos, etc.
  • Programar actividades en familia. Cada día una diferente: pintar, cocinar, pasear, jugar a un juego de mesa, practicar deporte, realizar algún experimento...

Buscad vuestro momento diario en el que podáis compartir momentos alejados de las pantallas. Cualquier niño/a prefiere a sus padres antes que la tecnología.

Nuestra presencia incluso cuando estén jugando a algún juego o viendo alguna película o serie es muy importante. Podemos implicarnos en el juego, hablar sobre la película. Nuestros hijos/as tienen que sentir que estamos que estamos con ellos/as, que nos interesan sus actividades, que nos implicamos en su vida.

La atención de los padres es el mayor estímulo para los hijos/as.

Pilar Rubert Saura- Coordinadora

Integradora Social

Dilatada experiencia en proyectos destinados a niños/as que presentan necesidades educativas especiales.

Coordinadora de la mayor parte de los Campus Natura que se han llevado a cabo hasta la actualidad.