Día Mundial del Ictus

DÍA MUNDIAL DEL ICTUS escrito por Claudia Sánchez, Estela García y Estela Ferrero 

Es una enfermedad cerebrovascular que afecta a los vasos sanguíneos que suministran sangre en el cerebro. También se le conoce como accidente cerebrovascular (ACV), embolia o trombosis. Ocurre cuando un vaso sanguíneo que lleva sangre al cerebro se rompe o es taponado por un coágulo u otra partícula. Debido a esta ruptura o bloqueo, parte del cerebro no consigue el flujo de sangre, oxígeno y glucosa que necesita.

Cuando una persona padece un ictus, se produce una detención brusca del flujo sanguíneo en una región cerebral que provoca la muerte de neuronas. Esto puede desembocar en distintas manifestaciones de una forma súbita, como dificultad para mover el brazo o la pierna, inestabilidad al caminar, debilidad de la cara o problemas en el habla y lenguaje.

¿Cómo detectar un ictus?

  1. Pérdida de sensibilidad.
  2. Dificultades para expresarse.
  3. Falta de fuerza y sensibilidad.
  4. Adormecimiento o debilidad repentina en la cara, el brazo o una pierna.
  5. Problemas para ver en uno o los dos ojos.
  6. Dolor de cabeza sin que se conozca la causa.

Abordaje logopédico tras el ictus

El logopeda es el profesional responsable de realizar una rehabilitación tanto del habla y la comunicación como de la deglución. El trabajo del logopeda pretende conseguir un modo de comunicación lo más inmediato y eficaz posible, lo que hará que se cree menos ansiedad tanto por parte del paciente como de su entorno más cercano.

En muchos casos será necesario instruir a los familiares y a las personas de su entorno  para poder trabajar también en casa y no sólo en consulta y así trabajar todos lo mismo y hacer que la rehabilitación sea más fructífera.

El logopeda podrá ayudarte en los siguientes casos:

  • Trastornos del habla y la comunicación: Tras un ictus es común que aparezcan trastornos afásicos que puedan interferir en la producción y/o comprensión del lenguaje.
  • Parálisis facial: Es una de las consecuencias más comunes tras un ictus. Puede afectar a la vida del paciente, ya que es algo visible al resto de personas. La parálisis afecta a la movilidad de los músculos faciales pudiendo impedir un habla correcta.
  • Disfagia: Tras un accidente cerebrovascular, las personas que lo sufren pueden presentar dificultades al tragar debido a la debilidad de la musculatura encargada de ello.

Abordaje terapia ocupacional – fisioterapia

La rehabilitación del ICTUS se centra en minimizar los déficits o discapacidades de cada paciente, por ello es imprescindible evaluar correctamente y crear un plan de tratamiento individualizado.

Debemos tener en cuenta que una recuperación completa es muy difícil. Por tanto, el objetivo de los profesionales debe ser, en primer lugar conseguir rehabilitar al máximo las capacidades del paciente y ayudarle en la adaptación a su vida, con las secuelas que pueda tener. Las lesiones neurológicas se recuperan, en parte, espontáneamente y el tiempo de recuperación es muy variable.

Lo que sí está comprobado es que la mayor parte de la recuperación funcional ocurre en el primer mes tras el ICTUS y se mantiene hasta el tercer mes, entre el tercer mes y el sexto es algo menor y entre el sexto y el duodécimo se experimentan cambios progresivos.

El fisioterapeuta:

Debe intervenir en todas las fases de la rehabilitación:

En la fase aguda:

  • Cuidados posturales para evitar las úlceras por presión.
  • Movilizaciones pasivas en los miembros afectados. También se le deben dar pautas para que, con el miembro sano, realice movilizaciones de sus miembros afectados (siempre que sea posible).
  • Realización de técnicas respiratorias, drenajes posturales y ejercicios para aumentar la capacidad respiratoria.
  • Estimular a nivel propioceptivo y sensorialmente aquellos miembros afectados.
  • La sedestación del paciente debe ser lo más temprano posible entre las primeras 48-72 horas tras el accidente cerebrovascular, si hay miembro superior afectado debe colocarse cabestrillo mientras este se encuentre flácido.

En las fases subagudas y crónicas:

  • Intentar conseguir equilibrio estando el paciente sentado.
  • Ir adaptando al paciente a la verticalidad empleando ejercicios tanto pasivos como activos de los músculos que realizan los movimientos voluntarios.
  • Reeducación de la marcha en paralelas y progresivamente ir hacia superficies más inestables o con cambios de nivel con bastón o andadores, siempre adaptándose a las capacidades del paciente.

La Terapia Ocupacional

Debe intervenir a partir de la fase subaguda y continúa en la fase crónica.

Al inicio la Terapia Ocupacional apoyará a la fisioterapia en cuanto a la coordinación de los movimientos y trabajará en la destreza manual, para que el paciente pueda realizar las actividades de la vida diaria (vestirse, asearse, comer) y conseguir la máxima independencia.

En la readaptación del paciente a su vida, el terapeuta acompañará al paciente para evaluar la necesidad de implementar productos de apoyo e informar a la familia de las readaptaciones necesarias en la vivienda.

Abordaje psicológico en el ICTUS

El ictus es una de las experiencias más traumáticas que pueden ocurrirle a alguien. Después de un ictus son muy frecuentes la ansiedad, los sentimientos de frustración, los cambios bruscos de estado de ánimo e, incluso, la depresión.

Entre un tercio y la mitad de los pacientes con ictus sufren depresión en algún momento, que puede manifestarse por sentimientos de tristeza o aislamiento, irritabilidad, trastornos del sueño e indiferencia hacia la terapia. El paciente tiende a rehusar toda actividad.

Es importante mantener una vía de comunicación y permitirle expresar cómo se siente. Trate de que el reaprendizaje de tareas diarias sea una actividad relajante y recuerde que el progreso lleva tiempo. Intente ser positivo, pero realista. Si la depresión es intensa o persistente, su médico puede prescribir medicación que le ayudará a salir de ella.

Muchos pacientes, después del ictus, especialmente si se han sufrido varios en diferentes zonas del cerebro, pueden tener problemas de descontrol emocional: de pronto pueden echarse a reír a carcajadas y momentos después llorar desconsoladamente. Estas expresiones, en algunas ocasiones, reflejan exageradamente los sentimientos reales del paciente, pero en otras ocasiones son por completo ajenas a cómo se siente realmente. Esta situación se denomina labilidad o incontinencia emocional.

Es importante que los familiares entiendan que se trata de una manifestación del ictus y que está completamente fuera del control del paciente; no hay que darle mayor importancia. Con frecuencia esta situación mejora con el tiempo. En algunos enfermos, especialmente si han sufrido varios ictus o tras una única lesión en ciertos lugares del cerebro (incluso si ha habido trastornos de memoria previos) puede producirse un importante deterioro intelectual con pérdida de memoria, desorientación, dificultad a la hora de planificar acciones, alteraciones de la conducta y cambios en la personalidad. En algunos casos este deterioro mejora parcialmente con el tiempo. Es importante que el paciente se mantenga en un ambiente conocido, que las actividades se realicen de la forma habitual empleando el tiempo que precise, sin apremiarle y, sobre todo, que las personas que se encargan de su cuidado tengan paciencia.