Conocernos mejor

CONOCERNOS MEJOR escrito por Maria José Jorge, psicóloga de XiCaEs

“De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo”, William Shakespeare

 “Conocer bien a los otros es inteligente, conocerse bien a sí mismo es sabiduría”, Albert Einstein

“La clave para gestionar a otros de manera efectiva es manejarse uno mismo primero. Cuanto más conoces de ti mismo, más puedes relacionarte con los demás desde una posición de confianza, seguridad en uno mismo y fortaleza”, Weisinger

Según Daniel Goleman, tres de los principales componentes de la inteligencia emocional son:

  • Autoconocimiento emocional (o conciencia de uno mismo):

Se refiere al conocimiento de nuestras propias emociones y cómo nos afectan. Es muy importante conocer el modo en el que nuestro estado de ánimo influye en nuestro comportamiento, cuáles son nuestras cualidades y nuestros puntos débiles.

Si no logramos conocernos bien a nosotros mismos, ser conscientes de cuáles son nuestras fortalezas y debilidades, aprendemos a identificar nuestros estados de ánimo y las consecuencias que éstos pueden tener en nuestro comportamiento, difícilmente podremos controlar nuestras reacciones y utilizarlas productivamente. Tampoco podremos comprender bien el comportamiento de quienes nos rodean, identificar sus sentimientos y emociones, ni podremos actuar con efectividad en nuestras relaciones si no nos conocemos mejor a nosotros mismos.

Así, tener conciencia de las propias emociones es la competencia emocional   principal sobre la cual se construyen las demás. Una buena sintonía con nuestros hijos va a ser fundamental para que aprendan a conocer mejor sus emociones, propiciando un clima distendido y con buena comunicación para crear momentos de intimidad en los que puedan aflorar con confianza los sentimientos de cada uno y poder así compartirlos. Por más que parezca sencillo, es muy importante poder poner nombre a nuestras emociones, de no ser así, nos será difícil tener conciencia de ellas y, por consiguiente, será imposible controlarlas.

Así va a ser esencial potenciar el desarrollo del vocabulario emocional. Esto se consigue, en casa, simplemente cuando todos los miembros de la familia hablan de cómo se sienten “hoy estoy cansado”, “me siento algo triste”, “estoy contenta”…Y también muy importante que se expresen los propios sentimientos sin un excesivo pudor.

  • Autocontrol emocional (o autorregulación):

El autocontrol nos permite no dejarnos llevar por los sentimientos del momento. Es necesario distinguir entre conocer las propias emociones y controlarlas. Cuando percibimos que tenemos emociones negativas tendemos a actuar para cambiarlas. Es decir, la toma de conciencia y el manejo de las emociones son dos caras de la misma moneda. Reconocer que uno está de mal humor es el primer paso para intentar cambiarlo. Sin embargo, hay que dar el paso siguiente para cambiarlo realmente.

Existen diferentes técnicas para manejar las emociones negativas: relajación, ejercicio físico, apoyo conductual positivo, restructuración cognitiva, diversión, placeres sensuales como un buen baño o una buena cena en buena compañía, ayudar a los demás o actividades más transcendentales como rezar o la meditación. Cada una de ellas puede ser apropiada para manejar según qué emoción.

  • Reconocimiento de emociones ajenas (o empatía):

Las relaciones sociales se basan muchas veces en saber interpretar las señales que los demás emiten de forma inconsciente y que a menudo son no-verbales. Reconocer las emociones ajenas, aquello que los demás sienten y que se puede manifestar por la expresión de la cara, por un gesto, por una mala contestación, nos puede ayudar a establecer lazos más reales y duraderos con las personas de nuestro entorno. Reconocer las emociones ajenas es el primer paso para entenderlas e identificarnos con ellas. La empatía es el rasgo característico de las relaciones interpersonales exitosas, de manera que la falta de capacidad para reconocer los sentimientos de los demás conduce a la torpeza en las relaciones humanas.

Una persona empática es aquella que tiene la habilidad de leer las situaciones ajustándose a ellas conforme lo requieren, tiene buena capacidad de escucha, sabe leer las señales no verbales y sabe cuando hablar y cuando no. Por el contrario, la persona que sufre una especial falta de intuición ante los sentimientos de los demás es capaz de hablar animadamente durante tiempo y tiempo sin darse cuenta de que puede resultar pesada, irrumpe en las conversaciones de los demás, cambia de tema sin pensar en los intereses del otro y es capaz de hacer bromas inoportunas.

Para enseñar empatía a nuestros hijos, en el aprendizaje emocional tienen un gran protagonismo los procesos de imitación. Todos estamos muy influidos por hábitos emocionales que hemos ido aprendiendo sin apenas darnos cuenta, observando a quienes nos rodean. Pero además de la importancia del modelo, es preciso sensibilizar a los hijos frente al valor de la generosidad hacia el otro y para ello serán muy importantes, como anteriormente hemos comentado, la potenciación de climas de buena comunicación donde el adulto y el niño, en buena sintonía, compartan sus emociones y sean capaces de decirse de forma leal y con cariño aquellas cosas que les disgustan del otro.

El autoconcepto, el autocontrol y la empatía van a estar así interrelacionados en el desarrollo y calidad de vida personal a lo largo de nuestros años, siendo determinantes en cómo cada uno de nosotros nos percibimos y valoramos. Es decir, van a ser fundamentales en lo que se conoce con el nombre de autoestima y que abordaremos en próximas publicaciones en nuestro Cuaderno de XiCaEs.

Inteligencia emocional, Daniel Goleman. Ed.Kairós

Educación Emocional y Bienestar, Rafael Bisquerra. Ed Praxis

María José Jorge Esteve- Psicóloga

Licenciada en Psicología en la Universitat Jaume I. Especialista en Desarrollo Infantil y Atención Temprana.

Trayectoria profesional: Amplia experiencia en apoyo a personas afectadas de parálisis cerebral y patologías afines. 

Actualmente trabaja como psicóloga en XiCaEs realizando intervenciones con niños con capacidades especiales y sus familias.