2 mayo- Día Internacional contra el acoso escolar

DÍA INTERNACIONAL CONTRA EL ACOSO ESCOLAR escrito por Estela Ferrero Marco, Psicóloga de XiCaEs

El acoso escolar es un hecho cada vez más frecuente en los centros de enseñanza y se produce cuando un niño es agredido física y/o psíquicamente de manera reiterada y continuada por un alumno o un grupo de alumnos.

Agresión, intimidación, aislamiento, amenazas, insultos, burlas y otras actitudes similares son diferentes expresiones del acoso escolar que sufren, fundamentalmente, niños de entre 6 y 17 años.

TIPOS DE ACOSO ESCOLAR

  • Físico: se centra en agresiones físicas a la víctima (empujones, patadas, agresiones con objetos, etc.). Se da más frecuente en la etapa de primaria.
  • Verbal: es el tipo de acoso más habitual y se basa en los insultos y el menosprecio de la víctima en público, intentando ridiculizarla en todo momento.
  • Psicológico: trata de generar el miedo en la víctima. Causa una pérdida muy significativa en la autoestima.
  • Social: el objetivo final es aislar completamente a la víctima del resto de sus compañeros, logrando su exclusión total de las actividades compartidas dentro del colegio.

El acoso es una de las situaciones más difíciles que un niño puede vivir. Supone el rechazo del grupo de iguales en un momento en el que se está construyendo la base de la identidad y buscando satisfacer la necesidad de afiliación.

El Bullying es una forma de acoso persistente, que no responde a causas identificables y que genera un elevado grado de estrés en quien lo vive. Por este motivo, se vincula a la aparición de problemas afectivos y conductuales cuya presencia puede extenderse a lo largo de toda la vida, aunque adoptando rostros diferentes en cada periodo.

Como consecuencia de todo ello, la persona puede ver resentida su salud emocional, los sentimientos que alberga respecto a sí misma y el modo concreto en el que se relaciona con los demás, pudiendo extenderse hasta la edad adulta.

SECUELAS PSICOLÓGICAS DEL ACOSO ESCOLAR

  1. Déficit en las habilidades sociales

Un desarrollo óptimo de nuestras habilidades sociales requiere de espacios de seguridad en los que se pueda desplegar el juego simbólico durante la infancia o las primeras relaciones de intimidad y confidencia en la adolescencia. Ambos periodos vitales son una oportunidad para el autoconocimiento y para la práctica de los aspectos básicos de la reciprocidad social, inherentes a cualquier vínculo de amistad o compañerismo. La irrupción de bullying limita las opciones de las que el niño dispone para poner en juego los fundamentos de la cognición social la cual, posteriormente, permitirá construir habilidades básicas para interactuar con los demás. Estas dificultades pueden precipitar que, en la vida adulta, se tenga miedo al rechazo o que se perciba la situación de interacción social desde una reserva preventiva que se asemeje a la timidez.

  1. Rechazo del grupo de iguales

La necesidad de afiliación es básica en el ser humano, por ello, el rechazo que pueden experimentar los niños y/o adolescentes genera una huella indeleble y produce sentimientos de pérdida de control y desamparo, que condicionan los fundamentos del apego que se forjó durante su primera infancia. Las víctimas de bullying son más vulnerables a experimentar nuevas situaciones de acoso, por parte de compañeros diferentes a los que originalmente iniciaron todo el problema.

Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, como los teléfonos móviles o las redes sociales, propagan estas agresiones a escenarios distintos a los de la escuela o el instituto e, incluso, la universidad. El abuso a través de estos medios puede atravesar los límites de los centro educativos e inmiscuirse profundamente en la vida de la víctima, convirtiendo en potenciales testigos a un creciente número de personas anónimas.

  1. Baja autoestima

La percepción que tenemos sobre nosotros mismos es, durante toda la vida, susceptible a la opinión de los demás sobre quiénes somos. La autoimagen es un proceso muy complejo, en el cual confluyen dimensiones individuales y sociales para orientarnos en el esfuerzo por comprender cuál es nuestro papel y aquello que nos diferencia como seres humanos. No obstante, la importancia de la perspectiva ajena es particularmente relevante en el periodo de edad en el que suelen vivirse las situaciones de bullying.

El desprecio o el insulto, así como la agresión física y el rechazo manifiesto, son percibidos como una señal de inadecuación por parte de quien los recibe. Se trata de un conjunto de mensajes que construyen un sentido íntimo de la vergüenza y que, incluso, pueden promover el sentimiento de culpa y el cuestionamiento permanente de lo que somos o valemos. Esta duda se afianza a medida que el tiempo pasa, condicionando la autopercepción y agrediendo la autoestima en última instancia.

La autoeficacia es otra de las dimensiones vinculadas directamente a la autoestima, que se relaciona con la creencia en la capacidad de llevar a cabo con éxito una tarea concreta. Una de las secuelas del bullying es que las víctimas desarrollen la inquebrantable certeza de que no son “adecuadas” para relacionarse con los demás, considerando que van a ser repudiadas ante todo intento de acercamiento y forjando una especial predisposición para el desarrollo de ansiedad social.

  1. Fracaso académico y rechazo a ir a la escuela

Una de las primeras señales sugerentes de que algo ocurre es el rechazo a acudir a la escuela o el instituto. Muchos de los chicos y chicas que sufren este tipo de acoso llegan a fingir encontrarse mal para evitar su asistencia a clase, simulando síntomas de una supuesta enfermedad. Otras veces, la expectativa de ir al colegio genera sensaciones físicas reales, compatibles con una ansiedad intensa y que incluyen cefaleas, dolor difuso o trastornos del sistema digestivo. Los niveles de ansiedad pueden provocar un declive de los recursos cognitivos requeridos para enfrentar los desafíos académicos más exigentes. A su vez, el ausentismo persistente puede ocasionar que se pierda el ritmo de los contenidos que se enseñan durante la clase, relacionándose todo ello con la obtención de malas calificaciones que impiden el acceso a los itinerarios curriculares que se desean para el futuro.

La pérdida de la motivación por los estudios no tarda en aparecer, deseándose intensamente abandonar este periodo vital para incorporarse a un mercado de trabajo en el que las cosas pueden desarrollarse de modo diferente. No obstante, el simple cambio de escenario en el que discurre el día a día es insuficiente para saciar el dolor emocional que acompaña a quienes tuvieron que vivir tan desgraciada situación, extendiéndose generalmente a otros ámbitos de la vida cuando no se articula un tratamiento adecuado. Esta situación afecta tanto a la víctima como al acosador.

  1. Depresión y ansiedad

Una de las secuelas del bullying que genera más dificultades es el desarrollo de trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, siendo especialmente común la depresión. La expresión clínica de este cuadro adquiere un cariz único en este periodo de edad, pudiendo manifestarse en forma de irritabilidad. Por este motivo, la tristeza que lo acompaña tiende a proyectarse hacia el exterior, enmascarándose como un problema diferente al que realmente es (a menudo la familia los confunde con problemas de la conducta).

Más allá de la ansiedad social, el bullying también puede precipitar una activación autonómica constantemente elevada. Así, la víctima se encuentra alterada fisiológicamente de forma persistente, lo que supone un terreno abonado para los primeros episodios de pánico. Esta circunstancia requiere de atención inmediata, pues de lo contrario puede fraguarse en un trastorno más complejo y duradero.

Otros problemas que se han descrito de forma consistente en los niños que sufren bullying son el sentimiento de soledad indeseada y de aislamiento, así como cambios en el patrón alimentario y en el sueño. Si bien, todos los síntomas citados pueden ocurrir en el contexto de una depresión mayor adolescente, también se pueden presentar aisladamente y requerir intervención. La incapacidad para disfrutar de las cosas que anteriormente eran gratificantes, es también un fenómeno común.

  1. Autolesiones

Estudios muy recientes han revelado que la experiencia de bullying en la escuela puede aumentar el riesgo de conductas autolesivas durante la adolescencia tardía, sobre todo en las chicas. La mayor parte de los casos de daño autoinflingido persiguen aliviar el estrés o comunicarlo a través de las vías punitivas, siendo pocos los casos que constituyen un conato de suicidio por sí mismos.

Se estima que las personas que padecieron bullying tienen un riesgo cinco veces mayor de hacerse daño a sí mismas en un momento posterior de la vida.

  1. Ideación suicida

Estudios de metaanálisis indican que, padecer bullying incrementa la presencia de ideación suicida y de conductas autolíticas.

El colectivo que sufre un riesgo mayor de incurrir en este tipo de pensamientos y acciones es el de los jóvenes que sufren y ejercen bullying (ambas situaciones simultáneamente) que, además, muestran una prevalencia más importante de trastornos emocionales (ansiedad, depresión, consumo de sustancias y maltrato dentro del hogar).

Se ha descrito el riesgo acentuado de ideación suicida en chicos y chicas adolescente que, además de sufrir una situación de bullying, se sienten incomprendidos en sus hogares o en la escuela. En estos casos, se usa el concepto de doble victimización para referir un impacto agravado para la situación de abuso, como resultado de la pasividad de los organismo que deberían velar por la seguridad del niño, o por la desprotección de las figuras de cuidado.

A pesar de la extendida creencia de que el bullying se da con más frecuencia en centros escolares situados en las zonas y barrios más desfavorecidos, desde un punto de vista socioeconómico, lo cierto es que el acoso escolar no hace distinciones sociales, ni de sexo.

CONSECUENCIAS DEL ACOSO ESCOLAR PARA LA VÍCTIMA

Estos son los principales efectos negativos del bullying en los niños y niñas que lo sufren:

  • Baja autoestima.
  • Actitudes pasivas.
  • Problemas psicosomáticos.
  • Depresión, ansiedad y pensamientos suicidas.
  • Pérdida de interés por los estudios, menor rendimiento y fracaso escolar.
  • Aparición de trastornos fóbicos.
  • Sentimientos de culpabilidad.
  • Alteraciones de la conducta: introversión, timidez, aislamiento social, soledad.
  • Problemas en las relaciones sociales y familiares.
  • Baja satisfacción familiar.
  • Baja responsabilidad, actividad y eficacia.
  • Síndrome de estrés postraumático.
  • Manifestaciones neuróticas y de ira.

En casos extremos, el acoso ha conducido al suicidio a algunas víctimas y sus perniciosos efectos para la salud física, mental y emocional del individuo pueden llegar a cronificarse, acompañando a la víctima durante toda su vida.

EFECTOS DEL ACOSO ESCOLAR EN EL AGRESOR

Pese a que no les provoca un sufrimiento directo, como ocurre con las víctimas, algunos estudios indican que los acosadores pueden encontrarse en la antesala de las conductas delictivas. Aunque resulte paradójico, con su execrable actitud, los acosadores consiguen frecuentemente la aprobación y hasta la admiración de algunos de sus compañeros, lo cual les hace reforzar sus actitudes intimidatorias al lograr, al menos momentáneamente, el éxito con las mismas.

Este patrón de comportamiento tiene las siguientes consecuencias:

  • Falta de control.
  • Actitud violenta irritable, impulsiva e intolerante.
  • Muestras de autoridad exagerada.
  • Imposición de sus puntos de vista y consecución de sus objetivos mediante la fuerza y la amenaza.
  • Relaciones sociales y familiares problemáticas.
  • Pérdida de interés por los estudios y fracaso escolar.

Las consecuencias para la masa silenciosa, los chicos y chicas que mantienen una actitud condescendiente con el acoso y pasiva ante el sufrimiento ajeno, no son tan evidentes. Sin embargo, pueden provocar en los sujetos pasivos la sensación o convencimiento de que no se puede o que es mejor no hacer nada frente a la injusticia, dando como resultado al afianzamiento de una personalidad temerosa, donde valores como el esfuerzo, la tolerancia i el afán de superación, brillen por su ausencia.

Estela Ferrero Marco- Psicóloga y Pedagoga

Graduada en Psicología y Pedagogía.

Trayectoria profesional: desde hace 8 años da clases particulares a alumnos con TDA-H, ayudándolos y proporcionándoles técnicas de estudio.

Actualmente trabaja en XiCaEs realizando intervenciones de Psicología con los niños y sus familias.